Y cuando menos me lo espero vuelvo a estar en un océano de dudas. Me encuentro en mi propia fosa, la que yo misma he cavado con mis dudas, con mis miedos y con todas mis tonturas. Me deleito con tu presencia, pero no sé hasta qué punto. Me entusiasmo con un simple ¿hola, que tal? Solo de pensarte mi alma empieza a llorar. No puedo ni debo decírtelo. Pero te echo de menos y es la verdad. No me preguntes que es lo significa esto, ni me recuerdes que tuve mi oportunidad, no es necesario; el eco de conciencia chilla a todas horas sentimientos de culpabilidad. Me odio por no ser valiente, por no tener criterio y por hacer lo que te hice. Yo te adoro, pero no sé si te amo y yo no fui capaz de descubrirlo. Tengo miedo y angustia por no tenerte… pero más miedo tengo de tenerte para luego perderte. Yo te admiro por todo lo que eres, por todo lo que te rodea, por todo lo que significas. Nunca podré estar a tu altura, comparándome contigo soy una pequeña e insignificante mota de polvo. Y aunque tú me mires como si fuera el máximo exponente de tu vida no soy más que polvo, aquel polvo que cuando incomoda y desembellece te deshaces de él, sin pensártelo ni una sola vez porque no es nada importante. Llámalo como quieras, tontería, falta de autoestima, miedo, dudas, o lo que sea….porque la cuestión que a mi me abruma es que yo soy muy poquito para ti.
Y así es como te perdí y te herí, me burle de tu amor, me burle de mi y todo sin quererlo por ser tan obstinada, cuando yo para ti solo anhelo lo mejor.
Lo peor de todo y lo que más me fastidia es que deseo con toda mi alma poder verte y abrazarte, hablarte y verte sonreír… y aun así, no creo que sea capaz de mandarlo todo a la mierda y gritar a los cuatro vientos que aun siento cosas por ti, que sigues siendo tan importante para mí como lo es el aire para vivir. Esta es una tortura. Sin saber qué hacer ni cómo actuar. ¿Qué camino tomar?